El silencio crea el clima propicio para la reflexión y la oración contemplativa.
El mayor reto del silencio no es acallar el ambiente, las exterioridades del hombre incluyendo la lengua donde se logra categoría de sabio el que aprende a dominarla, sino silenciar la mente y el corazón hasta llegar al silencio total, donde solo se unen en intimidad profunda Dios y el hombre.
El silencio más sublime es el silencio místico, es el que esta mas allá de los pensamientos y los sentimientos es el que lo trasciende todo incluyendo el propio yo,  silencio puro, trascendental, este silencio es como la  antesala del cielo donde el yo profundo del hombre se une al misterio íntimo de Dios.
El silencio ideal, verdadero paradigma a seguir es el silencio de Jesús, cuando en la oscuridad de la noche se perdía en el océano de la intimidad de su Padre y en la soledad silenciosa de la montaña se sumergía en el inmenso amor de su Padre.